Antes de salir: prepara la conservación
Lleva una nevera portátil con hielo picado o acumuladores congelados, suficiente para cubrir la previsión de capturas. Si vas a pescar varias horas, congela parte del hielo la noche anterior: el frío dura más que con bolsas compradas a última hora. Prepara también una bolsa hermética por si necesitas aislar alguna pieza.
Durante la jornada
En cuanto captures una pieza que vayas a quedarte, eviscerala: las vísceras aceleran la descomposición. Sángrala si es posible, límpiala de restos y métela en la nevera entre capas de hielo, nunca amontonada al sol. Las piezas grandes se conservan mejor fileteadas o en rodajas, y conviene separar las especies de olor fuerte del resto.
El pescado debe mantenerse a temperatura de hielo fundente, en torno a 0-4 °C, y cubierto para que no se seque.
Al llegar a casa
Revisa el estado de las piezas, enjuágalas y consúmelas en 24-48 horas o congélalas cuanto antes. Un pescado fresco tiene las branquias rojas, el ojo brillante y la carne firme al tacto: si notas olor fuerte o textura blanda, no lo comas. El frío detiene el deterioro, pero no lo revierte.
Conservar una captura en 5 pasos
En cuanto la captures, sángrala cortando las branquias para conservar la carne.
Retira vísceras y restos de sangre antes de que pasen al músculo.
Limpia la pieza con agua y sécala con un trapo limpio.
Colócala en la nevera entre capas de hielo picado, sin amontonar.
Refrigera un máximo de 48 horas o congela la pieza el mismo día.